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Explorando la contribución ecológica del arbolado urbano longevo

bajo el enfoque de los servicios ecosistémicos y los legados biológicos


Por Valentina Salinas R. para el curso Ecología de los Bosques Nativos de Chile: Conservación, Restauración, Sustentabilidad (Magíster en Ciencias mención Bosques y Medio Ambiente, Universidad Austral de Chile)


La urbanización y sus problemáticas ambientales

Los ecosistemas a escala global han sido altamente modificados a través de los procesos de urbanización, en donde el principal impulsor ha sido el acceso a la producción y el comercio (Tobias, 2013). Las ciudades han impulsado el desarrollo socio-económico pero también han provocado los principales problemas ambientales desde la revolución industrial (Wu, 2014). Algunos de sus impactos más notables en contexto de ciudades chilenas son la generación de islas de calor, la impermeabilización de los suelos, la contaminación o drenaje de cuerpos de agua, la contaminación del aire y suelos y la degradación o eliminación de áreas con vegetación natural (Romero et al., 2001).

Por otra parte, las ciudades son las áreas que albergan la mayor parte de la población humana a escala global, proyectándose que a 2050 un 68% de la población mundial será urbana (United Nations et al., 2019). América Latina y el Caribe es la segunda región con mayor porcentaje de urbanización (81%) y en el caso de Chile se observa la misma tendencia: según el censo de 2017, un 87,8% de la población reside en zonas urbanas (United Nations et al., 2019; INE, 2018).

Debido a los diversos impactos ambientales que generan las ciudades y a su vez, que estos entornos concentran la mayor parte de la población humana, es que se ha instalado la necesidad de pensar cómo se puede fortalecer la sustentabilidad en estos espacios, surgiendo la vegetación urbana como un componente clave para mejorar la calidad de vida de las personas y la calidad ambiental (Reyes, 2015).


Infraestructura verde y Servicios Ecosistémicos

Todos los espacios que cuentan con vegetación dentro una ciudad generan una red de Infraestructura Verde, que consiste en un “tejido” de áreas naturales o semi-naturales interconectadas en alguna medida y que proveen una amplia gama de Servicios Ecosistémicos. Esta red de espacios verdes constituida por parques, plazas, jardines privados, setos, huertas urbanas, techos y muros verdes, espacios naturales, corredores ecológicos o arbolado urbano, tienen la capacidad de mejorar las condiciones ambientales y por tanto, la salud y la calidad de vida de los habitantes (EC, 2013).

Por su parte, los Servicios Ecosistémicos (SE) son los beneficios que las personas obtienen a través de los procesos y funciones intrínsecas de los ecosistemas (Tobias, 2013; Millennium Ecosystem Assessment, 2005; Costanza et al., 1997). Estos incluyen servicios de provisión, como alimento y agua fresca; servicios de regulación, tales como la regulación climática y la purificación del agua; servicios culturales, como beneficios espirituales y recreativos; y servicios de soporte, como la formación del suelo y la producción primaria (Millennium Ecosystem Assessment, 2005).

La ventaja de utilizar el enfoque de los SE para referirse a los aportes ecológicos de la vegetación urbana, es que permite entender que un ecosistema saludable resultará en beneficios directos o indirectos al bienestar de las personas, a modo de efecto cadena (Figura 1) y que a nivel de planificación, la distribución y extensión de los espacios con vegetación importa no sólo por un mero fin ornamental, sino porque significa la entrega de SE que pueden mejorar problemáticas socio-ambientales de las ciudades (Reyes, 2015).



Figura 1 Modelo de cascada de los Servicios Ecosistémicos (adaptado de Potschin & Haines-Young, 2011). Esta esquematización permite observar que los beneficios que otorgan los ecosistemas a la población humana son la resultante de procesos en cadena que inician con la estructura biofísica y sus funciones intrínsecas, que luego generan servicios y beneficios ecológicos que pueden ser valorados por las personas.


Servicios Ecosistémicos del Arbolado Urbano

Dentro de la vegetación urbana, el arbolado es uno de los componentes más relevantes en términos de provisión de SE y mitigación de problemáticas ambientales. Es más, la forestación urbana se plantea como una de las estrategias más efectivas para combatir el cambio climático (Reyes, 2020). Los principales servicios que presta el arbolado en contexto de ciudades y a su vez los más estudiados son los de regulación, como por ejemplo la purificación del aire, la regulación de temperaturas urbanas, el control de las inundaciones y la captura de gases de efecto invernadero (Brack, 2002; Escobedo & Nowak, 2009; Livesley et al., 2016; Nowak et al., 2006; Skelhorn et al., 2014). Sin embargo, el arbolado es capaz de proveer la amplia gama de SE, que incluyen los servicios culturales, de provisión y de soporte (o de mantención, como los ha clasificado recientemente la CICES (Haines-Young & Potschin, 2018). En cuanto a estos últimos, se puede reconocer que los árboles constituyen el hábitat y fuente de recursos para especies de fauna, al igual que representan el soporte para otras plantas que viven en ellos -como epífitas, musgos, líquenes u otras- cobrando alta relevancia en la mantención de la biodiversidad urbana (Baumeister et al., 2020). Especial importancia en el soporte de otras formas de biodiversidad es la que ejercen los árboles urbanos lonegevos, que permiten interacciones ecológicas que no se dan en arboles juveniles por sus características particulares como su altura, diámetro o la presencia de cavidades (Lindenmayer & Laurance, 2017).


Servicios de soporte del Arbolado Urbano Longevo

En el trabajo antes citado, se presenta una serie de roles ecológicos de los árboles longevos urbanos, dentro de los cuales se pueden destacar los siguientes asociados a servicios de soporte (Lindenmayer & Laurance, 2017):


o Provisión de hábitat para otras plantas y hongos

o Hábitats necesarios para la vida silvestre

o Provisión de sitios clave para comportamientos sociales de los animales

o Generación de fuentes de agua para fauna cuando se llenan sus cavidades

o Refugio de corto plazo para algunos animales

o Provisión recursos clave o alimento para fauna

o Contribución a la heterogeneidad del hábitat vertical de la cobertura vegetacional

o Hotspots de propágulos


Una de las interacciones que más destaca entre el arbolado urbano longevo y otras taxas es lo que ocurre con la presencia de aves. En un estudio que buscaba comparar la riqueza y abundancia de aves entre varios árboles pequeños contrastando con árboles grandes únicos, reveló que la riqueza y abundancia aumentó a medida que aumentaba el área basal de los árboles, necesitando varios árboles pequeños o medianos para equiparar el soporte para aves que generaban los árboles longevos solitarios en ambientes modificados (Le Roux et al., 2015).Esta interacción se hace especialmente importante al considerar que hay algunas especies de aves que dependen del arbolado para nidificar en cavidades.


Imagen 1 y 2. (izq.)Roble (Nothofagus obliqua) de grandes dimensiones presente en la facultad de Agronomía de la Universidad Austral de Chile, donde se puede observar un ave posada en una rama. (der.) Jotes y Tiuque posados sobre alta rama de árbol longevo ubicado en el fundo Teja Norte (Valdivia).

Fuente: Elaboración propia.


La importancia de los árboles longevos como hábitat para fauna y otras plantas es tan relevante que pueden actuar como hotspots al albergar muchas más especies que en cualquier otra parte del entorno (Dean et al., 1999, citado por Lindenmayer & Laurance, 2017). Esto también se refleja en ambientes urbanos, en donde árboles longevos se observan con una alta cantidad de plantas epífitas vasculares y no vasculares (Imágenes 3 y 4). En otras palabras, los árboles urbanos longevos tienen el potencial de actuar como sostén de la conservación en ambientes urbanos; y que la diversidad de especies vegetales que albergan no está mediada por la acción humana sino por otros dispersores como puede ser la fauna o el viento.


Imagen 3 y 4. (izq.) Rama de Encino longevo (Quercus robur) ubicado en el Centro de Humedales Río Cruces. Se puede observar una gran cantidad de plantas epífitas sobre sus ramas. (der.) Detalle de las epífitas del Encino donde se puede observar la especie trepadora Medallita (Sarmienta repens).

Fuente: Elaboración propia.


Árboles longevos como legados biológicos

Los grandes árboles longevos constituyen ejemplares de alto valor ecológico en los diversos ambientes donde están presentes. En contexto urbano, los árboles longevos nativos pueden constitur un vestigio de la composición de los bosques del pasado. Y los árboles longevos exóticos podrían ser vestigios de la historia y el desarrollo de los territorios donde se emplazan.

En el campo de la Restauración Ecológica se ha utilizado el concepto de legado biológico, que hace referencia a los organismos bióticos que se generan naturalmente y que persisten a través de una perturbación en un sitio y se incorporan al ecosistema en recuperación (Franklin et al., 2000). En este caso, el enfoque se puede adoptar al considerar la instalación de las ciudades como una perturbación de los ecosistemas. La función de estos legados que persisten intactos según el trabajo antes citado, es que tienen la capacidad de volver a generar organismos completos, ya que proveen una fuente de propágulos de distintos tipos. Y otro aspecto importante, es que son capaces de generar patrones espaciales, en donde la biota y sus procesos van a influir en los recursos tanto ambientales como bióticos de los sitios donde se emplazan.

Se puede decir entonces que el arbolado urbano longevo, al ser considerado un legado biológico de los ecosistemas del pasado (especialmente en el caso de árboles nativos), permite una mayor provisión de SE de soporte o mantención en comparación a otros componentes de la vegetación urbana, al contar con estructuras, recursos o propágulos que posibilitan la conservación de biodiversidad en las ciudades.


Desafíos para la protección de árboles longevos urbanos

Para que persista el legado que representan los árboles urbanos longevos y sus servicios ecosistémicos asociados, se debe poner atención a la mantención de éstos para permitir su correcto desarrollo. Primero, es clave conocer la ubicación de los ejemplares longevos e identificar las especies. Esto, para poder realizar un monitoreo pertinente y que los encargados de la mantención (que suelen ser los municipios mediante empresas de mantención) conozcan las condiciones en las que se encuentran y puedan identificar amenazas que puedan afectarlos. Se pueden realizar evaluaciones visuales así como utilizar herramientas tecnológicas (como las tomografías de impulsos) que permitan diagnosticar el estado fitosanitario, físico y mecánico del árbol. También es importante propiciar las condiciones que el ejemplar requiere, como por ejemplo no impermeabilizar el suelo cercano a la base del árbol ya que se impedirá la absorción de agua necesaria, o no efectuar acciones como la poda de raíces que implica la pérdida de anclaje y soporte estructural, práctica que se realiza comunmente cuando se repavimentan calles y veredas o en contexto de proyectos inmobiliarios. Una forma de protegerlos que se cita en el trabajo de Lindenmayer y Laurance (2017) es generar una zona buffer alrededor de los ejemplares que permita resguardarlos de posibles daños que puedan ser causados por perturbaciones. En contexto de arbolado de plazas o parques se podrían establecer estas zonas de protección alrededor del árbol longevo, para prevenir también a las personas de posibles caídas de ramas. Sin embargo, esto se torna más complejo si se trata de arbolado ubicado en veredas o bandejones.

Otra acción importante que se puede llevar a cabo, es emitir alguna figura de protección en relación al cuidado de árboles longevos. Un reciente proyecto pone de manifiesto la importancia del arbolado longevo como patrimonio natural en la ciudad de Valdivia (FONDART 530124: “Los Árboles Patrimoniales de Valdivia”), que podría ser un primer paso hacia la valorización de estos árboles en el ecosistema urbano. A escala comunal, se podrían genrar ordenanzas que dictaminen algún tipo de protección o acciones de manejo especiales hacia estos árboles, o también podría ser una opción generar directrices técnicas en las bases de licitación de los contratos de mantención del arbolado urbano que ponga énfasis en estas materias.

Finalmente, es importante avanzar en el reconocimiento social e institucional de los aportes ecológicos de los árboles longevos y que a fin de cuentas, puedan ser percibidos como seres vivos que nos benefician en muchos aspectos por el simple hecho de estar presente en las ciudades que habitamos.


Bibliografía


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Brack, C. L. (2002). Pollution mitigation and carbon sequestration by an urban forest. Environmental Pollution, 116, S195-S200. https://doi.org/10.1016/S0269-7491(01)00251-2

Costanza, R., d'Arge, R., de Groot, R., Farber, S., Grasso, M., Hannon, B. Limburg, K., Naeem, S., O'Neill, R., Paruelo, J., Raskin, R., Sutton, P., van den Belt, M. (1997). The value of the world's ecosystem services and natural capital. Nature (387). pp 253-260.

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Árboles del Jardín Botánico de la Universidad Austral de Chile, Valdivia.

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